La construcción de las pirámides I

Los problemas de logística y diseño que se le aparecen a cualquiera que se haya puesto a pensar, siquiera sumariamente, en el esfuerzo y dedicación empleados en la construcción de esas inmensas moles de piedra que son las pirámides de Egipto, han hecho que proliferen los trabajos dedicados al estudio de esta cuestión. Por desgracia, las reflexiones de aquellos que han sido iluminados por los arcanos de la «piramidología» son más abundantes y resultan mucho más atractivas que las de los egiptólogos, por lo que llegan al público con más facili­dad y ayudan a difundir una imagen por completo distorsionada de la civilización faraóni­ca. Desconocedores de los hechos demostrados por la egiptología, los «piramidólogos» se lanzan a proponer hipótesis a cual más fantásticas sobre el sistema empleado en la construc­ción de uno solo de estos edificios, la Gran Pirámide. Ya que, centrada toda su atención en esa especie de ídolo mágico que es para ellos la pirámide de Khufu, olvidan que no fue la única edificada por los egipcios.

La construcción de toda pirámide implicaba una cuidadosa planificación que constaba de varios pasos: elección de la necrópolis, diseño y realización de los planos del edificio, cálculos del material y de la mano de obra a emplear, desglose de la intendencia, edifi­cación, etc.

La elección de la necrópolis no implicaba demasiada dificultad, sólo era necesario que el lugar elegido cumpliera unas premisas básicas no demasiado exigentes. Ideológicamente, la única condición imprescindible era que la pirámide se construyera en la orilla occidental del Nilo, pues es en el Oeste donde los egipcios situaban su más allá. El resto eran cues­tiones prácticas: no ocupar tierra susceptible de ser cultivada, ser un terreno a primera vista consistente, que no estuviera demasiado alejado del Nilo ni de una fuente de aprovi­sionamiento de piedra… Como quiera que la orilla oeste del Nilo es una cadena montañosa de formación caliza, el país estaba lleno de lugares adecuados para construir una pirámide. Bien es cierto que la elección del terreno no siempre resultó adecuada, pues la pirámide Romboidal y la pirámide de Amenemhat III en Dashur sufrieron fracturas a causa de la inestabilidad

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